Yo soy tu indómita gacela…, Belli – Seleccion Alberto Diaz Hermelo

Yo soy tu indómita gacela,
el trueno que rompe la luz sobre tu pecho
Yo soy el viento desatado en la montaña
y el fulgor concentrado del fuego del ocote.
Yo caliento tus noches,
encendiendo volcanes en mis manos,
mojándote los ojos con el humo de mis cráteres.
Yo he llegado hasta vos vestida de lluvia y de recuerdo,
riendo la risa inmutable de los años.
Yo soy el inexplorado camino,
la claridad que rompe la tiniebla.
Yo pongo estrellas entre tu piel y la mía
y te recorro entero,
sendero tras sendero,
descalzando mi amor,
desnudando mi miedo.
Yo soy un nombre que canta y te enamora
desde el otro lado de la luna,
soy la prolongación de tu sonrisa y tu cuerpo.
Yo soy algo que crece,
algo que ríe y llora.
Yo,
la que te quiere.

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Hora, Bartolomé – Selección Alberto Díaz Hermelo

Hora de gallos asustados
que concentran pavor bajo sus alas
Estancias tibias en donde irrumpe el frío
como un silbido de cristal

Alza su pecho gris la incertidumbre
Entra mi pie en la barca
Despierta la otra parte de mí
                                                  que siempre duerme
y unta un frío sudor sobre mi frente

Enciendo luz
                      Salto fuera del sueño

Tiemblo.

Y no obstante el amor por ser amor…, Barret – Seleccion Alberto Diaz Hermelo

Y no obstante el amor por ser amor
es bello. Igual llamea reluciente
un gran templo y la hierba. El mismo fuego
arde quemando el cedro y la cizaña.

Y el amor es un fuego; y cuando digo
te quiero, oh Dios, te quiero, ante tus ojos
me transfiguro en esplendor y siento
mi cara centelleante que deslumbra.

En el amor no puede haber ruindad
aunque amen los más ruines de los seres,
que cuando aman a Dios Él los acepta.

Y en la apariencia ruin de lo que soy
refulge el sentimiento y purifica
por ser fruto de amor lo que es de carne.

No tardaré, no llores…, Barba – Selección Alberto Díaz Hermelo

       
        No tardaré. No llores.
        Yo para ti he cogido
        del áspero romero azules flores;
        las aves en su nido;
        cristales en las grutas;
        las mariposas en su vuelo incierto;
        y de los viejos árboles del huerto
        las sazonadas frutas.

Espejo, Aub – Seleccion Alberto Diaz Hermelo

He aquí la muerte
que a nada se parece.
Parece, tú, perece.
Estoy frente a la muerte,
frente a frente en el frente.
¿La tuya? ¿La mía?
¿A qué se parece?
¿A la noche o al día?
¿Cómo es? ¿Qué color tiene?
¿Negra? ¿Por qué ha de serlo?
A lo mejor
es igual al desierto,
pero mayor.
Como la vida misma,
pero más grande.
Tal vez muerta de miedo
viéndose en un espejo,
como yo.

Sazón, Atencia – Selección Alberto Díaz Hermelo

   

    Ya está todo en sazón. Me siento hecha,
    me conozco mujer y clavo al suelo
    profunda la raíz, y tiendo en vuelo
    la rama, cierta en ti, de su cosecha.

    ¡Cómo crece la rama y qué derecha!
    Todo es hoy en mi tronco un solo anhelo
    de vivir y vivir: tender al cielo,
    erguida en vertical, como la flecha

    que se lanza a la nube. Tan erguida
    que tu voz se ha aprendido la destreza
    de abrirla sonriente y florecida.

    Me remueve tu voz. Por ella siento
    que la rama combada se endereza
    y el fruto de mi voz se crece al viento.

Lágrimas que dejé tras la montaña…, Arteche – Seleccion Alberto Diaz Hermelo

   

    Lágrimas que dejé tras la montaña.
    Ojos que no veré sino en la muerte.
    A través del adiós, ¿quién me acompaña
    si mis ojos que ven no pueden verte?
    Lágrimas y ojos que estarán mañana
    tan atrás del ayer.
    Aquí, donde no se abre la ventana:
    aquí la tierra mana
    lágrimas y ojos que no te han de ver.